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El valor de la diversidad está íntimamente relacionado con el valor de la inclusión, pues no es suficiente con aceptar nuestras diferencias: también es necesario incorporar a todas las personas, independientemente de su identidad, a la vida social, al trabajo, a la educación, a la política, y asegurarnos de que tienen igual acceso a los derechos y oportunidades que el resto de la sociedad. Ser incluyente es tener aceptación, respeto y aprecio hacia la diversidad, pero también contribuir a que todas las personas de la sociedad puedan participar plenamente y en igualdad de condiciones.

Ante una situación de desigualdad, en la que no todas las personas cuentan con las mismas oportunidades, la inclusión juega un papel fundamental para establecer condiciones de justicia social y mejorar las condiciones de vida de los colectivos más vulnerables. Alcanzar una situación de inclusión consistiría en que todos los ciudadanos, sin excepción, pudieran ejercer sus derechos, aprovechar sus habilidades y tomar ventaja de las oportunidades que encuentran en su medio.

Además de suponer un importante ejercicio de apertura, la inclusión conlleva un cambio progresivo en la forma de concebir la diversidad y la forma de relacionarnos. La inclusión promueve en la sociedad la capacidad de tejer redes de colaboración e interdependencia entre todos los niveles y fortalece la democracia.

En nuestras sociedades cada vez más diversificadas, resulta indispensable fortalecer las relaciones de confianza, el diálogo, el reconocimiento mutuo y la cooperación con el fin de garantizar una interacción armoniosa entre personas y grupos con identidades culturales plurales, variadas y dinámicas. El reconocimiento y el respeto a la diversidad y la inclusión, deben ser una responsabilidad compartida entre los Estados, los organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales y la sociedad civil. El trabajo y la participación de todos los ciudadanos posibilitarán la elaboración de políticas que favorezcan la inclusión y la cohesión social.

 

“Vi a un hombre desde lejos y me pareció que era un enemigo;

después se acercó y entendí que era un amigo;

finalmente lo vi a la cara y era un hermano”.

Mahatma Gandhi (1869-1948)

 

 

Cuáles son las características de una sociedad inclusiva?

  • Una sociedad inclusiva invierte recursos en estudios sociales para determinar quiénes son excluidos, de qué maneras y por qué razones. Las autoridades prestan atención al buen cumplimiento de las leyes referentes a los derechos y libertades de los ciudadanos y generan políticas y leyes que promueven la inclusión.

  • Los miembros de una sociedad inclusiva son empáticas hacia las personas en situación o riesgo de exclusión, y tratan de generar formas de inclusión para ellas en los distintos ámbitos de la vida social.

 

  • Cada individuo tiene un rol activo que jugar en la sociedad y se siente parte de un todo. Todos tienen acceso a la cobertura de sus necesidades básicas y pueden participar en la toma de decisiones sobre procesos que afectan a su vida.

 

  • Se llevan a cabo reformas en beneficio de los excluidos de manera persistente y continua. El mejoramiento de las condiciones de vida de las minorías es un proceso constante y con resultados a largo plazo. 

 

  • Una sociedad inclusiva se encarga de que las minorías estén representadas en esferas cruciales para el desarrollo y el progreso del país. Deben formar parte de la vida económica, política, cultural, científica, educativa y tecnológica. Así, estas personas aportan en todos los ámbitos puntos de vista novedosos y propuestas alternativas para superar los retos de toda la sociedad.